Mitad mía, mitad tuya.

Siento mucha presión sobre mi.
 Por mí y por el resto. Quiero cumplir con todos. Quiero cumplir conmigo.
Pero si cumplo con el resto, no cumplo conmigo. Me pierdo, me alejo de mi. Me voy lejos. Y pierdo el camino a mi hogar. A mi misma.
Todo lo que quisiera ser no lo soy. O todo lo que creo que quiero ser, por aquello que me hicieron creer que tenía que ser, tampoco lo soy. Hasta hoy creía que yo era imposible de manipular , por lo terca y fiel creyente. Pero hoy me di cuenta que soy un compuesto de cada ser que me tocó en la vida.
Algo así como si mi corazón se dividiera la mitad en mi, y la mitad en todos aquellos que se metieron en el. Dejando batallas, algunas victorias y otras fueron derrotas. Algunos sembraron bosques, y otros los quemaron. Algunos regaron la semilla que plantaron, y otros se fueron, y se olvidaron que allí, quedó algo a medio existir.
Algunos dejaron palabras de aliento, y otros, dejaron gritos en dolor.
Lo mismo en mi mente. Entre lo que yo quiero creer, quiero pensar. Entre lo que elijo y lo que me contaminan.
Frases que dan vueltas constantemente, que crean torbellinos silenciosos que en algún sueño suenan.
Historias sin punto final. Historias con finales trágicos.
Y recuerdos. De luz, de oscuridad. De risas y de llantos. De tanta basura mental...
¿Qué pasaría si uno eliminara cada una de esas cosas que recuerda, que le dijo otro?
Me refiero a que pasaría si uno, solo se quedara con los pensamientos que uno crea. Supongo que se limitarían a muy pocos, y dudo de encontrar alguno puro. Pero si de verdad, te paras frente a tu niño interior, te enfrentas a la inocencia, desde todo el desastre que crees ser hoy. ¿Cuántos de tus problemas dejarían de tener el peso que le das hoy?
¿De verdad te hace sentir bien presentarte así, hoy, ante esa infancia?
¿Cuántas cosas dejarías de sentir , solo para no hacerle sentir dolor?
¿Cuánto serías capaz de cambiar con tal de verlo reír ante su yo del futuro?
Creo que encontré la respuesta. Creo que pesa muchísimo más y duele muchísimo menos si uno se para frente a su niño interior y le cuenta una por una, y numerando, las veces que ha sonreído en la vida.
Las veces que se ha sentido triunfador.
Si uno le cuenta las veces que se enamoró. Sin importar el resultado, se sintió vivo.
 Las veces que  abrazó con alegría. Las llamadas que hizo de felicitaciones. Las noches infinitas rodeadas de gente que eligió para compartir su felicidad.
Le contaría las veces que recuerdo que me cantaron el "Feliz cumpleaños" y me sentí viva. Rodeada de personas que quería.
Le contaría las veces que perdoné! Y que me lancé sobre mis miedos. Las cosas que hice y que hubiera creído que no me animaría, teniendo un resultado fabuloso.
Le contaría la felicidad que se siente al salvar un exámen. De aprobar un año.
Le contaría las veces que me reí de los días de "mala suerte".
Le contaría que si bien tiene la mitad del cerebro y la mitad del corazón que le pertenece a si misma, y la otra al resto, está mejor de lo que cree.
Mientras siga creyendo de grande , en la niña.
Mientras no traicione mi sonrisa, mientras no engañe un latido y mientras piense en seguir siendo uno mismo por sobre todas las cosas, seguirá siendo feliz. Y más que ser feliz, seguirá viva.
 Razón suficiente para elegir la risa, el amor, el abrazo, el perdón, la paciencia y los colores.
Que para grises están las nubes. Y para llantos, la lluvia.

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