Prisión de libertad

Dicen que somos los libros que hemos leído y los cafés que hemos tomado.
Pero yo creo que somos todo lo que no fuimos. Eso en donde cada decisión nos limitó a existir de determinada foma. Lo complicado es elegir.
Irónicamente no somos capaces de tomar decisiones para nuestra existencia, por lo menos hasta la adolescencia. Y se nos limita a crecer, a expandirnos de tal forma que cuando más adentramos en la adultez, más indecisos somos. Y más niños queremos ser.
¿Por qué cuando veo hamacas en una plaza no tengo la mínima duda en correr hacia ella?
Porque eso me da mi instante de libertad. Donde no sólo me siento niña, si no que desafío las leyes de la física y mis pies no tocan el suelo. Siento que vuelo. Qué nada me puede detener a menos que yo decida bajar esos pies hacia el frío hormigón.
Y miro un tobogán con melancolía, porque claro, mis piernas ya son largas y por lo tanto, no tan larga la sensación de caída libre.
De las hamacas de bebés, ni recuerdos tengo. Claro que no sucede lo mismo con la jaula de los monos... Já. Ahí sí, ahí si que era el poder del crecimiento. Ahí, sí tus piernas alcanzaban el siguiente cubo, eras lo más poderoso que quisieras ser, para llegar a la cima.
 Donde, si eras como yo, quizás crees haber subido alguna vez a esa parte, porque el miedo a la altura era fuerte. Pero si no temías, eras el Dios de la plaza.
Y mientras tanto, el resto de los adultos, no sabían si concentrarse en cuidarte, en ser adultos o en desafiarte apelando a la hermosa nostalgia de volver a tocar el helido hierro de cada uno de los juegos.
Luego, todo eso se termina y tu cuerpo ya es más grande que el largo del tobogán.
Así que ... Es hora de crecer. Es hora de volver al ahora.
¿Aún juegas contigo mismo? Y no hablo de aquellos amigos imaginarios, habló de la pureza de la infancia. ¿Aún crees que te perteneces a ti y que eres el dios de tu "Jaula de los monos"? O... ¿Te quedaste atrapado en tu Jaula?
¿Te preguntaste alguna vez hasta que punto nuestra vida nos pertenece a nosotros mismos?  Digo, porque si ser niños para olvidar decisiones es lo que siempre queremos, es porque somos esclavos de nuestras propias elecciones.
También somos esclavos de nuestro hogar, de nuestro trabajo y de nuestros amigos. Y más aún de nuestros amores. Por eso, es que somos tan inmensamente felices cuando nos sentimos libres eligiendo un compañero de vida que te llena de amor y te quita dependencia.
Es que... Hoy es difícil no ser esclavo de ti mismo. Demasiadas personas exigen en ti, lo que de ellas no pudieron hacer. Y te llenan de peso, que vos, como buen adulto, crees que tenés que cargar.
Realmente, nunca somos libres. Y cómo dijo una película que tuve la oportunidad de ver este fin de semana... "Nuestra vida nunca nos pertenece por completo".
Así que no se tu, pero yo, vuelvo a mi plaza de juegos, llena de colores y risas. Donde la mugre era signo de diversión y los golpes la prueba de que intentamos romper nuestros límites. Qué te diviertas en ese mundo de adultos mientras tanto, que yo te alcanzo cuando caiga el sol.
(Porque mamá no me deja jugar de noche) .

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