Pacífico caos.

A veces cuando nada tiene rumbo y el único rumbo es el dolor, me dan más ánimos de ordenar y limpiar. Así de una forma hago creer a mi mente que al menos algo en toda mi realidad tiene su lugar ,y es confortable allí.
Mis manos se encargan de una rutina y un mecanismo tan básico como un par de movimientos.
Mis ojos miran a la nada buscando, que al momento de comenzar de nuevo a pensar, moverse. Tan veloz que altere la señal de mi cerebro y este se ocupe de otra cosa.
Y así, cuando quiero acordar, el silencio, el orden, las lágrimas contenidas, y quizás alguna que otra rebelde que no se pudo sostener en mi vista y corrió hacia el cachete, alcanzada por mis dedos, tan pronto que ni a mi nariz logró llegar. Todo allí, reina en imperfecta paz. Todo se queda en su pacífico caos incontrolable.

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